Resumen
Marcos 3:13–15 registra que Jesús subió a un monte y nombró a doce discípulos para que permanecieran con Él y para enviarlos a predicar. En ciertas tradiciones teológicas, este pasaje ha sido interpretado como el momento en que la iglesia fue formalmente establecida. Los defensores de esta interpretación argumentan con frecuencia que la lista de los doce apóstoles funciona como un registro eclesiástico, que la reunión descrita en Hechos 1 para reemplazar a Judas demuestra que la iglesia ya estaba funcionando antes de Pentecostés, y que el monte mencionado en Marcos 3 debe identificarse con el Monte Hattin en Galilea. Algunos proponentes también sostienen que reconocer la iglesia en este pasaje requiere una percepción espiritual particular denominada “la visión de la iglesia”.
Este artículo evalúa tales afirmaciones mediante un análisis lingüístico detallado del Nuevo Testamento griego, una investigación histórica de las afirmaciones geográficas relacionadas con el Monte Hattin y un examen teológico del testimonio más amplio del Nuevo Testamento. Se presta especial atención al vocabulario griego de Marcos 3, al significado simbólico del número doce, a los problemas hermenéuticos asociados con apelaciones a revelaciones privadas y al trasfondo veterotestamentario de Pentecostés como fiesta de la cosecha. La evidencia demuestra que Marcos 3 describe la formación del liderazgo apostólico más que el establecimiento de la iglesia. El relato del Nuevo Testamento presenta consistentemente el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés como el momento en que la comunidad visible de creyentes surge en la historia.
El lenguaje griego de Marcos 3:13–15 y la cuestión del origen eclesial
Toda interpretación responsable de Marcos 3 debe comenzar con el texto griego del pasaje. El Evangelio afirma que Jesús subió a un monte y llamó a quienes Él quiso, y que “constituyó doce”. La frase traducida en la Traducción de la Reina-Valera 1909 como “estableció doce” corresponde a la expresión griega ἐποίησεν δώδεκα (epoiēsen dōdeka). El verbo ποιέω (poieō) significa simplemente “hacer”, “nombrar” o “designar”. Es un verbo común utilizado en todo el Nuevo Testamento para muchos tipos de acciones y no posee un significado eclesiástico técnico.
Este detalle lingüístico es crucial. Si el evangelista hubiera querido describir la organización de la iglesia, se esperaría el uso del sustantivo ἐκκλησία (ekklesia), el término griego estándar para “iglesia”. Esta palabra aparece más de cien veces en el Nuevo Testamento y se refiere consistentemente a la comunidad reunida de creyentes. Sin embargo, el término no aparece en ningún lugar del Evangelio de Marcos en relación con el nombramiento de los doce.
Igualmente importante es la estructura gramatical de la cláusula de propósito que sigue al nombramiento. El texto explica que Jesús nombró a los doce “para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar” (Marcos 3:14, RVR1909). La sintaxis griega indica dos propósitos: formación relacional y misión futura. Los discípulos son llamados primero a permanecer con Cristo para aprender de Él antes de ser enviados a proclamar el mensaje del reino.
Por lo tanto, la evidencia lingüística indica que el pasaje describe la preparación de representantes apostólicos más que la formación de una institución eclesial. El énfasis de Marcos se centra en el discipulado, la instrucción y la misión, no en la creación de una comunidad estructurada identificada como iglesia.
El significado simbólico de los doce y la mala interpretación de las listas apostólicas
El nombramiento de los doce apóstoles inmediatamente después de su elección ha sido interpretado por algunos como prueba de que la iglesia ya había sido establecida. Según este argumento, el registro de sus nombres funciona como un tipo de registro de membresía de una nueva comunidad eclesiástica.
Sin embargo, el significado simbólico del número doce dentro de la teología bíblica sugiere algo muy diferente. A lo largo del Antiguo Testamento, el número doce representa las doce tribus de Israel. Cuando Jesús escogió deliberadamente a doce discípulos, estaba invocando una poderosa imagen de restauración y renovación del pacto.
Esta interpretación es confirmada por el mismo Jesús en Mateo 19:28, donde dijo a los apóstoles que se sentarían sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. La conexión simbólica entre los apóstoles y las tribus es, por tanto, explícita. El número doce representa continuidad con el pueblo del pacto de Dios más que la formación de una nueva institución.
Las listas de nombres aparecen con frecuencia en la Escritura sin indicar la fundación de instituciones. Genealogías, registros tribales y listas de liderazgo sirven principalmente para establecer identidad histórica y continuidad. La lista apostólica en Marcos cumple el mismo propósito al identificar a los testigos que posteriormente darían testimonio de la resurrección de Cristo.
Por consiguiente, la presencia de la lista no demuestra que la iglesia ya hubiera sido establecida. Más bien subraya el papel representativo de los apóstoles dentro del desarrollo de la historia de la redención.
La cuestión histórica del Monte Hattin y las tradiciones interpretativas modernas
Algunos intérpretes intentan reforzar la afirmación de que la iglesia comenzó en Marcos 3 identificando el monte mencionado en el pasaje con el Monte Hattin en Galilea. El Monte Hattin es una colina distintiva situada al oeste del Mar de Galilea que posteriormente se hizo famosa como el sitio de una decisiva batalla entre las fuerzas de Saladino y los ejércitos cruzados en el año 1187.
Sin embargo, el Evangelio de Marcos no proporciona ninguna identificación geográfica del monte. El texto simplemente declara que Jesús “subió al monte” (Marcos 3:13, RVR1909). La ausencia de cualquier detalle geográfico específico sugiere fuertemente que el lugar en sí no era el enfoque principal del relato.
La identificación del Monte Hattin con eventos de la vida de Jesús parece surgir principalmente de tradiciones de peregrinación posteriores y no de fuentes históricas tempranas. Durante el período bizantino, los peregrinos cristianos comenzaron a marcar lugares específicos a acontecimientos narrados en los Evangelios. Mientras que algunas de estas marcas pueden reflejar memoria histórica auténtica, otras se desarrollaron a partir de especulación devocional.
En años recientes, cierto grupo pentecostal restauracionista ha llegado incluso a colocar una marca en la región del Monte Hattin en Israel afirmando que la iglesia fue establecida en ese lugar. Una imagen de esta marca aparece como fondo de la portada de este artículo. Se informa que la marca fue establecida con la intención de que las personas que visiten el sitio puedan recibir lo que se describe como una “visión de la iglesia”. Sin embargo, no existe documentación histórica de los primeros siglos del cristianismo que respalde tal tradición, ni evidencia arqueológica o textual que confirme que este lugar tenga alguna conexión histórica con el evento descrito en Marcos 3.
La colocación de esta marca representa una tradición interpretativa moderna más que una basada en evidencia histórica. Desde una perspectiva académica, la existencia de una marca no constituye prueba del evento que pretende conmemorar. Más bien refleja las convicciones teológicas del grupo que lo edificó.
Además, algunos de los grupos que promueven esta interpretación también afirman que ellos mismos representan la verdadera continuación del pueblo de Dios y se identifican como el “Israel de Dios”. Al colocar marcas dentro de las fronteras geográficas de Israel, estos movimientos afirman simbólicamente que su organización representa el cumplimiento de las promesas del pacto de Dios. Tales afirmaciones suelen reflejar una forma de restauracionismo sectario y pueden funcionar como una variante de la teología del reemplazo, en la cual un movimiento particular asume la identidad de Israel de una manera que va más allá de la enseñanza bíblica.
Hasta cierto punto, tales acciones pueden ser percibidas como irrespetuosas hacia la nación de Israel y su pueblo. La colocación de una marca en la tierra de Israel que promueve afirmaciones teológicas basadas en ideologías de reemplazo plantea preocupaciones significativas. Cuando un movimiento afirma que él solo representa el verdadero “Israel de Dios”, mientras coloca marcas dentro del moderno Estado de Israel, introduce una narrativa teológica que puede interpretarse como una postura irrespetuosa hacia la identidad histórica y pactal del pueblo judío. Desde una perspectiva teológica y ética, este autor sugiere que tal marca debería reconsiderarse e incluso removerse, ya que las suposiciones doctrinales asociadas con él reflejan ideas que muchos estudiosos han identificado como formas de supersesionismo o teología del reemplazo, conceptos que han sido criticados por contribuir a actitudes antisemitas en la historia cristiana.
El problema hermenéutico de la “visión de la iglesia”
Otro argumento que se utiliza con frecuencia para apoyar la interpretación de Marcos 3 apela al concepto de una “visión de la iglesia”. Según esta perspectiva, el establecimiento de la iglesia en Marcos 3 no puede comprenderse mediante la interpretación bíblica normal, sino que debe percibirse a través de una percepción espiritual especial.
Este enfoque introduce una seria dificultad hermenéutica. Si el significado de un pasaje bíblico solo puede entenderse por medio de una revelación privada o institucional, la autoridad de la interpretación se desplaza del propio texto hacia el individuo o grupo que afirma poseer dicha revelación.
El modelo interpretativo del Nuevo Testamento contrasta claramente con este enfoque. La predicación apostólica apelaba constantemente a las Escrituras accesibles públicamente y a acontecimientos históricos que podían ser examinados por otros. La autoridad del mensaje descansaba en el cumplimiento de la profecía y en el testimonio de testigos oculares que habían visto al Cristo resucitado.
Una interpretación que depende de una visión espiritual exclusiva no puede evaluarse mediante los métodos normales de la exégesis bíblica. Cualquier persona que cuestione dicha interpretación puede ser simplemente informada de que carece de la visión necesaria para comprenderla. Este tipo de razonamiento termina por trasladar la discusión fuera del ámbito de las Escrituras y situarla dentro del dominio de la autoridad subjetiva.
Hechos 1, la restauración apostólica y la espera del Espíritu
Otro argumento utilizado para sostener que la iglesia ya existía antes de Pentecostés se basa en la reunión registrada en Hechos 1, en la cual los apóstoles eligieron a Matías para reemplazar a Judas. Debido a que los discípulos se reunieron y tomaron una decisión colectiva, algunos sostienen que la iglesia ya debía estar funcionando como un cuerpo organizado.
Sin embargo, el contexto narrativo de Hechos revela que los discípulos todavía estaban esperando el cumplimiento de la promesa de Cristo respecto a la venida del Espíritu Santo. Jesús les había ordenado permanecer en Jerusalén hasta que recibieran poder de lo alto. Por lo tanto, la reunión descrita en Hechos 1 ocurre durante un período de transición anterior a la manifestación pública del ministerio de la iglesia.
Pedro explica que el reemplazo de Judas era necesario para que el número de testigos apostólicos permaneciera completo. El individuo escogido debía ser alguien que hubiese acompañado a los discípulos durante el ministerio terrenal de Jesús y que pudiera dar testimonio de la resurrección. Por lo tanto, la reunión se relaciona con la restauración del testimonio apostólico y no con la administración de una iglesia ya establecida.
El propio relato deja claro que el momento decisivo aún no había ocurrido. Los discípulos estaban esperando la venida del Espíritu. La misión y la identidad de la iglesia se harían visibles únicamente después del cumplimiento de esta promesa.
Pentecostés y la teología veterotestamentaria de la cosecha
La importancia teológica de Pentecostés se vuelve más clara cuando se considera dentro del contexto del calendario festivo del Antiguo Testamento. Pentecostés, también conocido como la Fiesta de las Semanas, era una de las principales festividades de la cosecha en Israel. La celebración marcaba el inicio de la cosecha del trigo e incluía la ofrenda de las primicias a Dios.
La imagen de la cosecha es central para comprender el significado de esta festividad. La ofrenda de las primicias representaba el comienzo de una recolección que posteriormente sería mucho más abundante. Este simbolismo ofrece un marco teológico importante para entender los acontecimientos registrados en Hechos 2.
Cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en Pentecostés, la imagen de la fiesta adquirió un significado profundo. El derramamiento del Espíritu marcó el inicio de una cosecha espiritual en la cual personas de muchas naciones serían reunidas en el reino de Dios.
La predicación de Pedro en ese día produjo la conversión de alrededor de tres mil personas. El relato afirma que el Señor añadía cada día a la iglesia a los que habían de ser salvos. La imagen de la cosecha se corresponde perfectamente con la reunión de creyentes en una nueva comunidad del pacto capacitada por el Espíritu Santo.
Pentecostés, por lo tanto, representa no solo un acontecimiento histórico, sino también el cumplimiento de un patrón teológico profundamente arraigado en el Antiguo Testamento.
Conclusión
Un examen cuidadoso del lenguaje griego de Marcos 3, del significado simbólico de los doce apóstoles, de la incertidumbre histórica relacionada con el Monte Hattin y del relato más amplio del Nuevo Testamento demuestra que la afirmación de que la iglesia comenzó en Marcos 3 no puede sostenerse.
El pasaje describe el nombramiento de líderes apostólicos que posteriormente servirían como testigos de la resurrección y proclamarían el evangelio al mundo. La evidencia lingüística, el contexto histórico y el desarrollo teológico del Nuevo Testamento apuntan más bien hacia Pentecostés como el momento decisivo en el cual el Espíritu formó la comunidad visible de creyentes.
La apelación a una supuesta “visión de la iglesia” debilita aún más la interpretación basada en Marcos 3, ya que desplaza el fundamento de la interpretación de las Escrituras hacia la revelación subjetiva.
Por estas razones, el peso de la evidencia bíblica, histórica y teológica respalda firmemente la conclusión de que Marcos 3 representa la preparación apostólica, mientras que Pentecostés representa la manifestación pública de la iglesia capacitada por el Espíritu Santo.
Bibliografía
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