Mientras América celebra sus 250 años, ofrezco este poema como un hijo de inmigrantes, un hombre cristiano y un ciudadano agradecido que lleva en su corazón tanto gratitud como preocupación. Doy gracias a Dios por las libertades que esta nación me ha dado, especialmente la libertad de adorar a Dios, hablar con convicción y expresar la carga de mi alma. Sin embargo, una verdadera celebración también debe dejar espacio para la reflexión. América es una nación de promesa, sacrificio, belleza y oportunidad, pero también es una nación con heridas que todavía claman por misericordia, justicia y sanidad. Este poema no está escrito desde el odio, sino desde el amor, la oración y la esperanza de que América recuerde a Dios, proteja a los vulnerables, honre a los olvidados y camine nuevamente en compasión y rectitud..
Aquí estoy,
un hijo de inmigrantes,
traído a una tierra sin permiso,
pero en este suelo encontré
paz, refugio y compromiso.
América,
hoy te vengo a hablar,
ayúdame a entender
lo que muchos suelen llamar
el camino Americano
que tantos vinieron a buscar.
Un sueño tan profundo
que almas han muerto,
con esperanza en el pecho
y lágrimas en el desierto,
soñando hacer de esta tierra
su hogar bajo tu cielo abierto.
La tierra de los libres,
el hogar de los valientes,
sí, en verdad,
en ti encuentro libertad
para vivir entre la gente.
Libre para adorar,
libre para hablar,
libre para amar,
libre para buscar
el rostro de Dios en lo alto,
en Su libertad,
en misericordia, verdad y amor
como mi más grande canto.
América,
has sido dotada,
llamada hogar de los dotados,
un lugar donde muchos llegaron
con sueños guardados.
Algunos sin nada en sus manos,
pero con fuego en el corazón,
cargando esperanza
para hijas e hijos
y para una nueva generación.
Hoy celebramos tu nacimiento,
de hombres y mujeres con visión,
que vieron lo que llegarías a ser,
una nación bajo el sol,
todavía inconclusa,
todavía buscando unión.
Pero aún pondero
muy dentro de mí:
¿Existe realmente
un Sueño Americano aquí?
¿Fue fundado
en tesoros terrenales,
en cosas que se desvanecen
como sombras temporales?
¿Puede eso medir
el valor de un alma,
el llanto del pobre,
o el dolor escondido
detrás de una puerta cerrada?
¿Debo mirar hacia arriba
y ver mi redención,
mientras este mundo se oscurece
y pierde compasión?
¿O debo seguir orando
para que la misericordia crezca,
para que el amor se levante
y la justicia amanezca?
Oro por ti, América,
para que mis tataranietos,
si Dios les concede ver ese día,
contemplen una tierra
donde ningún niño duerma con hambre
ni llore en agonía.
Donde las lágrimas no sean ignoradas,
donde los olvidados sean recordados,
donde los pequeños sean protegidos
y los quebrantados sean levantados.
Donde nuestros veteranos
ya no duerman en las calles,
donde el honor no viva solo
en canciones, discursos y detalles.
Sino en la manera
en que esta nación extienda su mano,
recordando al que sirvió,
al que luchó,
al que fue hermano.
Donde tener un trabajo
sea suficiente para vivir,
donde las manos trabajadoras
puedan sostener, comer y existir.
Donde una familia pueda sentarse,
donde la dignidad vuelva a subir,
y la esperanza no quede enterrada
bajo ojos cansados de sufrir.
Donde nuestros corazones
se vuelvan hacia nuestros hijos,
jóvenes y ancianos por igual,
donde el futuro sea protegido
y el pasado tratado con verdad.
Anhelo ver de nuevo
una nación no dividida,
un pueblo no cegado,
una patria que recuerde
que la libertad es sagrada
cuando el amor camina a su lado.
Oh Dios,
Te pido que perdones a América
por sus pecados,
por la sangre de aquellos
que de esta tierra fueron arrancados.
Perdona la muerte
de los que aquí estuvieron,
removidos de su tierra
por manos que los hirieron.
Y aunque el tiempo ha pasado,
su sangre todavía clama hoy
desde el suelo arrebatado,
desde la historia que aún habla
con dolor no olvidado.
Perdona a América
por darle la espalda
a los que lucharon,
a los que por este día
sufrieron y sangraron.
Los honramos con palabras,
con banderas y canción,
pero muchas veces olvidamos
su dolor y su condición.
Yo anhelo ver
ese glorioso día
cuando en las calles
América diga con valentía:
Este lugar verdaderamente pertenece
a los libres.
Una tierra para los valientes,
una esperanza para los débiles,
un refugio para los que buscan,
un hogar para los heridos y humildes.
Una gran ave de muchos colores
para que todos la puedan ver,
herida, pero vigilada,
quebrada, pero aún de pie.
América,
que te levantes otra vez,
no solo en poder,
sino en misericordia, verdad y fe.
Que recuerdes a tu Dios,
que protejas tu juventud,
que honres a los ancianos,
que alimentes al pobre
con justicia y gratitud.
Y que la justicia
vuelva a pararse en tu puerta,
como una voz que llama,
como una nación despierta.
Aquí estoy,
un hijo de inmigrantes,
todavía orando por ti, América,
con fe constante.
Todavía creyendo
que Dios puede hacer
todas las cosas nuevas,
y que aún puedes volver
a la luz que te eleva.



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